martes, 23 de abril de 2013

Fría, inherte, ajena, con milenios de gravedades, vacio e impactos, la roca como tantas veces giraba entre planetas, entre otras rocas, entre fotones e hidrogeno, hasta que aquel brillo azul la atrapó entre fuerzas magneticas para integrarla a sus sistema.
Pminutos después, pobladores de Nunavut vieron el cielo brillar mientras la roca destellante caía dividiendose, puliendose, con el fragor del contacto con la atmosfera.

Los casa meteoritos comienzan su viaje
al traerlos a una zona más cálida comienza la expansión de la plaga
sabemos que no estamos solos
pero cada vez que pensamos con un encuentro, creimos que sería con seres inteligentes.
astrobiologos

gran mortandad humana
guerras por el ocntrol de lo que queda

nuevos piratas

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